Una donación de la familia Almoguera enriquece el patrimonio de Filosofía y Letras con esta reliquia musical. Este instrumento data de finales del siglo XIX. Además de la pianola, la donación incluía un amplio catálogo de 300 rollos. Esta aportación ya no solo enriquece el patrimonio de la Universidad, sino que abre el camino a la investigación de estos primeros sistemas de reproducción e interpretación musical.
¿Qué es y cómo funciona exactamente?
La pianola cuenta con el mismo mecanismo y teclas que un piano acústico vertical convencional. Sin embargo, este instrumento tiene incorporado un sistema neumático que permite que el instrumento “toque por sí solo” las melodías codificadas en los rollos de papel. Para su funcionamiento, el pianolista debe accionar de forma constante unos pedales que quedan ocultos en la parte inferior. Estos pedales activan los fuelles que generan vacío y extraen aire de manera continua. Cuando el rollo avanza y el agujero coincide, se produce una diferencia de presión que activa un sistema de tubos que, a su vez, impulsa el macillo para golpear la cuerda. Mientras los modelos modernos, desarrollados a partir de 1908, cuentan con hasta 88 marcas, los primeros se limitaban a las 66 notas.
Más que un reproductor, un intérprete
Aunque no es un requisito saber tocar el piano tradicional, un pianolista no es un mero espectador. Este instrumento permite introducir variaciones de velocidad e intensidad, por lo que requiere de una persona que interprete la pieza musical. A través de los pedales y la forma de matizar la obra, la reproducción puede adquirir dinamismo y expresividad. En su época de esplendor, entre finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del siglo XX, la pianola era símbolo de prestigio social. Este instrumento permitía disfrutar en los hogares o centros sociales de piezas con gran dificultad técnica para la mayoría de pianistas, que requerían de una habilidad para tocar más notas de las que permiten los diez dedos humanos.
La conservación hasta nuestros días
A diferencia de otros soportes como los discos de vinilo o de pizarra, los rollos de papel de la pianola se conservan sorprendentemente bien gracias a su propio diseño. Al estar enrollados sobre un cilindro con ejes, el papel (que puede medir entre 10 y 50 metros) queda protegido por sí mismos. Además, la primera parte está reforzada con un cartón más duro en el que se detalla la obra, el compositor y el sello de la empresa distribuidora, lo que permite proteger más las piezas musicales. Al igual que los libros, sus principales riesgos son la humedad, la luz y las roturas que se puedan producir.
Esta nueva adquisición se suma a ese esfuerzo de recopilar y preservar los soportes de audio antiguos. De esta manera, se consigue enriquecer tanto los recursos de investigación como de patrimonio histórico en nuestra comunidad universitaria.





